lunes, 24 de agosto de 2009

Ensayo: Liderazgo en la familia

Introducción
En el entorno caótico como el que nos ha tocado vivir en las últimas décadas del siglo XX y la primera del siglo XXI, es común escuchar de crisis en todos los órdenes de la actividad humana, ya se trate de crisis económica, de la ambiental, la pobreza, la hambruna, las enfermedades, la violencia en sus distintos niveles, desde la intrafamiliar hasta guerras fratricidas, pasando por abortos, narcotráfico, secuestros, fraudes, todos estos fenómenos destructivos que pueden sintetizarse en la llamada crisis de valores y más precisamente en una auténtica crisis de fe[1], entendida ésta como el abandono más o menos conciente del conjunto de verdades fundamentales que dan sentido a la vida misma.
En este contexto, la familia, célula básica de la sociedad humana, también se encuentra en crisis, sometida a presiones externas (pro-gays, pro-divorcio, pro-aborto) e internas (violencia intrafamiliar, infidelidad, promiscuidad, machismo, feminismo, hedonismo, egoísmo y muchos ismos más) que la han ido desplazando del centro neurálgico de la actividad humana para dejarla como un mero accidente marginal, cuya influencia benéfica cada vez es menor.
Como digo, creo que radicalmente se trata de una crisis de fe y entiendo que la solución de éste y los demás problemas que menciono se deben buscar precisamente en el ámbito de la fe, sin embargo, el objetivo de este ensayo no es analizar la problemática desde ese punto de vista, sino plantear al menos una opción racional[2] que nos ayude a preservar esa institución fundamental que es la familia frente a tantas amenazas.
Se plantea el liderazgo como una herramienta básica para lograr un cambio que fortalezca a la familia, pues como dice Alfonso Siliceo Aguilar, “los ámbitos de mayor impacto en nuestra vida … dependen de las decisiones que tomen aquellos a quienes llamamos líderes”[3].
Es necesario pues que los padres de familia (hombre y mujer por igual) asuman el liderazgo de la institución humana más importante, no sólo que ejerzan poder en el seno familiar, sino que cumplan con todas las funciones que caracterizan al verdadero liderazgo para dar sustento a una sociedad mejor que cumpla con el perfeccionamiento de los individuos.
Coloquialmente hablamos de “jefes de familia”, pero necesitamos cambiar nuestra visión del papel que juegan los progenitores o quienes estén al frente de la célula familiar para entender que no es suficiente con que sean “jefes”, sino que necesitan visualizarse como líderes efectivos de su familia. Veremos las diferencias entre ser jefe y ser líder, así como cuáles son las actitudes, habilidades, valores y cualidades que como líderes deben tener y ejercer.

Conceptos básicos
El diccionario Espasa Calpe define la familia como el grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas o en lugares diferentes, y especialmente el formado por el matrimonio y los hijos.
En este escrito nos referimos principalmente a la familia entendida estrictamente como la formada por el matrimonio y los hijos, a la que consideramos el núcleo básico de la sociedad humana de todos los tiempos, aunque lo que digamos para ella puede y debe aplicarse para otros grupos de personas con relaciones familiares diversas (primos, tíos, abuelos, parientes políticos, etc.) pero que viven en común y en las que siempre hay una figura de autoridad. Usaremos solamente, por simplificar, el término padre (como singular de padres) para referirnos tanto al papá como a la mamá indistintamente, pues el liderazgo recae tanto en el hombre como en la mujer integrantes de matrimonio.
Siguiendo a Aníbal Basurto Amparano, en su libro Sistema Empresa Inteligente, entendemos el liderazgo como la capacidad de la persona humana para definir cómo debería ser el futuro y compartir esa visión con sus seguidores a los que inspira para lograrla, a pesar de los obstáculos.[4]
El liderazgo puede ser visto como capacidad o potencia, que es como lo anotamos en el parágrafo precedente, pero también se puede concebir como acción, ya que el líder lo es sólo en cuanto tiene seguidores. Esta relación líder-seguidor es el verdadero motor del liderazgo.[5]
Es evidente entonces, que la familia como institución humana tiene los elementos suficientes para que en ella se dé la relación líder-seguidor, junto con el ejercicio de todas las acciones que distinguen a los verdaderos líderes.
De hecho la literatura revisada siempre habla del liderazgo en la familia, pero sin llegar a profundizar en el tema.

Modelo de liderazgo
Liderazgo providencial es un concepto desarrollado como base del Sistema Empresa Inteligente por Aníbal Basurto y se refiere a aquel en el cual “el dirigente de la organización siente una sincera preocupación por las personas que dirige, a las que sirve pronta y generosamente, procurando siempre que crezcan como personas y profesionales”[6].
Según Basurto Amparano, este tipo de liderazgo providencial tiene como motivación un amor patriótico (patria=lugar común de los padres) pues, siguiendo al filósofo Giovanni Papinni, lo considera como el amor más puro que existe, en comparación con otros amores como el fraternal, el filial, el conyugal o el amor de amistad (entre amigos)[7].
Así pues, si este tipo de motivación sirve para establecer un liderazgo providencial efectivo en las organizaciones profesionales, es evidente que debe ser con más razón el soporte para crear un liderazgo providencial en las familias, donde se da naturalmente dicho amor patriótico o amor de padre por sus hijos.
Este liderazgo providencial es equiparable al que propone Alfonso Siliceo Aguilar en su libro Liderazgo: el don del servicio, pues ambos parten de considerar al amor como sinónimo de servir y al liderazgo como la máxima expresión del servicio.

Cómo debe ser el padre líder
El perfil que los padres tienen que buscar cumplir para ser auténticos líderes de su familia consta de varias conductas y cualidades que se pueden agrupar en tres categorías: De actitud, de inspiración y de interrelación[8].
Siliceo Aguilar agrupa como actitudes la generosidad, por la cual el líder se da enteramente por el bien de sus hijos y su cónyuge; la valentía, con la que afronta todos los riesgos y peligros que se derivan de ser la cabeza de familia; la convicción o creencia firme en el futuro y en el valor de las personas; la sabiduría, que es el resultado de constante estudio de la realidad que nos rodea y de la experiencia que convergen en “la integración armónica y equilibrada de las inteligencias emocional y racional”[9].
Las cualidades de inspiración que un líder debe tener son la motivación, que nace de tener claro cual es la meta que se persigue, para sí y para los integrantes de la familia; pasión, que es una fuerza interior que nos permite hacer las cosas sin medias tintas, es decir al 100%, con entrega; congruencia que es la correspondencia exacta entre lo que pensamos y lo que hacemos; de donde nace la credibilidad y la integridad, que “consiste en tener el valor y la disciplina de vivir de acuerdo con nuestras convicciones y principios más profundos, aun frente a las situaciones más difíciles” y por último la fe y esperanza, por la cual el líder cree y espera un futuro mejor.
Las cualidades de interrelación del líder son la disposición y presencia, o sea estar ahí cuando la familia lo necesita; la comunicación, que es compartir, no sólo tiempo, sino ideas y valores; capacidad de escuchar, es fundamental para poder comunicarse efectivamente; convencimiento y negociación, que también se derivan de la comunicación pues tienen que con la capacidad lograr adhesión y encontrar puntos de mutuo beneficio que sirvan de impulso para avanzar en el perfeccionamiento de la familia.

¿Jefes o líderes de familia?
Hacer una distinción clara y precisa entre estos dos conceptos, líder y jefe, que tienden a confundirse en el lenguaje común, es de vital importancia para el buen funcionamiento de las organizaciones humanas, en este caso para la familia.
Y la razón es de peso, pues la diferencia entre los líderes y los jefes es radical y efectiva, en cuanto el liderazgo y la jefatura proceden de raíces diferentes y generan efectos diversos.
El padre de familia naturalmente (radicalmente) es el jefe de familia por su posición dentro de la organización, mientras que desgraciadamente no siempre se desempeña como líder, aunque debe aspirar a convertirse en uno, en base a su autoridad moral, por sus propios méritos y por la influencia benéfica que debe ejercer sobre sus seguidores (sus hijos y su cónyuge).
Puede ser, y en muchas ocasiones lo es, que el padre sea también el líder y cuando es así sabe ejercer mejor que nadie el poder formal de que goza para el beneficio de la familia.
¿Como podemos saber si sólo somos jefes de familia, sin ser líderes? Basurto Amparano explica algunas características que distinguen un rol del otro, por ejemplo que el “jefazo” ignora lo que significa dirigir, a lo más se limita a mandar.
Hay que apuntar que entre dirigir y mandar existe el conocimiento: el que dirige sabe cómo se tienen que hacer las cosas y es un apoyo efectivo para quien las tiene que hacer; mientras que al que manda no le importa cómo se hagan, sólo espera resultados, sin poner nada de su parte para que se cumplan los objetivos señalados.
En contraposición, dice Basurto Amparano, el líder es guía de su equipo (léase familia), aguanta con paciencia el proceso de aprendizaje de sus seguidores, es en realidad un maestro, más exactamente un líder maestro.
Por ejemplo, el simple jefe de familia exige buen rendimiento escolar, pero no se tomará la molestia de ayudar a sus hijos a estudiar o a hacer tareas, mientras que el padre de familia que se asume como líder, estará ahí, codo con codo, para guiar a sus hijos, asesorarlos y lo que es más importante, formarlos como buenos estudiantes y buenas personas.

Trato y relación
Otra diferencia fundamental entre el líder y el “jefazo” que analiza Aníbal Basurto, está en el trato y las relaciones humanas que entablan con los integrantes de su familia.
El padre líder es sencillo, gentil, pronto, de gran aproximación con las personas en general y cuantimás con sus hijos y cónyuge, y es así porque tiene una autoestima sana, gracias a un cierto nivel de sabiduría que ha ganado con todo el conocimiento acumulado solícitamente a lo largo de su vida, mientras el “jefazo” es frecuentemente un ignorante del comportamiento humano, lo que lo vuelve un insensible, déspota y soberbio con sus hijos y esposa (o).
El “jefazo” tiene problemas de autoestima que manifiesta pintando su raya al exigir respeto exagerado[10], y además se mantiene distante de los demás integrantes de su familia para evitar que vean sus lados flacos, por miedo a perder su “poder”.
Con el padre líder, el trato es fino, suave, es fácil hacerle ver cuando se equivoca, porque es humilde, conocedor de la naturaleza humana y no se hace ilusiones de ser perfecto, además de que es clemente con las fallas y deficiencias naturales de sus vástagos, sin ser complaciente.
Con el “jefazo”, para los hijos o su cónyuge es punto menos que imposible hacerle ver sus yerros, aunque el “jefazo” también tiene un trato suave y fino, pero sólo con sus jefes laborales, con quien es todo miel sobre hojuelas, y sólo a veces con su familia, para quienes más bien reserva la bota de punta dura.

Servicio
Para el padre líder, la frase “amar es servir”, no es demagogia, es la realidad en que enmarca toda su actividad y por lo tanto trabaja para compartir este paradigma con su familia y para orientarlos a que aprendan a servirse entre sí y a las personas que los rodean, sobre todo trabaja dando ejemplo, sirviendo a todos.
Para el “jefazo”, la palabra servir sólo tiene sentido cuando es servil con sus “jefazos” o si el mismo se sirve con la cuchara grande o cuando espera que todos en la casa lo sirvan como al amo y señor, en cualquier otro contexto dicha palabra carece de significado.

Visión y trascendencia
Aníbal Basurto especifica que mientras el “jefazo” vive enfrascado en el hoy, el líder tiene una visión de futuro.
El “jefazo” de familia frecuentemente se embota con el trabajo cuando ha llegado a su nivel de incompetencia y por ello necesita desesperadamente demostrar que hace algo, por eso su relación con los subordinados, tanto en su trabajo como en su casa, se basa en medir, supervisar, exigir; por su misma ignorancia, no comprende el futuro.
Mientras, el padre líder usa el futuro como motor de la familia, de manera que todo lo que emprende tiene una finalidad hacia delante y tiene como fundamento los valores, el conocimiento, las habilidades y las actitudes que va desarrollando en sus hijos, por lo que sus relaciones con ellos están basadas en el crecimiento personal que van logrando.
Para el “jefazo” de familia, trascendencia es una palabra hueca y podríamos pensar que hasta de carácter oculto, cuyo significado se le escapa, mientras que el padre líder hace que su visión trascienda a través de sus enseñanzas e incluso la hace ir más allá del límite de su propia vida, pues quiere que sus hijos realmente trasciendan en la vida.

Conclusión
Es imperativo entonces que los padres de familia entiendan que la posición de poder formal en que los ha colocado la naturaleza (que los hace jefes de familia) no es suficiente para lograr que su familia alcance la felicidad de cada uno de sus integrantes, sino que ellos deben tomar en sus manos ese poder formal y convertirlo en un liderazgo auténtico que tenga como base el amor y el servicio, así como el ejemplo de una vida enfocada al crecimiento personal de cada integrante de la unidad familiar.
La sociedad necesita líderes íntegros que la saquen de la espiral destructiva que vive y es la familia el lugar idóneo donde debe comenzar la formación de esos líderes, pero primero los padres de familia necesitan trabajar en sí mismos para poder ser a su vez formadores.
Nadie da lo que no tiene, no podemos esperar tener mujeres y hombres de bien que nos guíen como líderes, si primero no nos convertimos a nosotros mismos en mujeres y hombres de bien que formen a sus hijos con esa misma noble finalidad.
[1] Fe se toma aquí como el conjunto de verdades reveladas y por lo tanto sobrenaturales que dan respuesta cumplida a las inquietudes más profundas del ser humano, tales como ¿para qué existimos?, ¿cuál es nuestro destino?, ¿cómo lograr ser feliz?, etc., todas contenidas en la religión. [2] Usamos racional, no en contraposición a la fe, sino como sinónimo de humano (hombre=animal racional).
[3] Siliceo Aguilar Alfonso, Bernardo G.-Angulo Belloc y Fernando Siliceo Fernández. Liderazgo:
el don del servicio. Editorial McGraw-Hill
[4] Basurto Amparano Aníbal. Sistema Empresa Inteligente.
[5] Basurto Amparano, Op. Cit.
[6] Basurto Amparano, Op. Cit.
[7] Cfr. Basurto Amparano, Op. Cit.
[8] Cfr. Siliceo Aguilar, Op. Cit.
[9] Siliceo Aguilar, Op. Cit.
[10] Aunque el respeto de los hijos a los padres nunca será exagerado, el problema es que la baja autoestima del “jefazo” lo hace ser ultrasensible y sobrerreaccionar con cualquier actitud que él considere una “ofensa” o falta de respeto, por mínima que sea, objetivamente hablando.

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